
Memento (id. 2001), es la primera propuesta del realizador Christopher Nolan tras su ópera prima Following (1998), en la que ya establece algunas pautas de cómo va ser su forma de hacer cine y de los métodos que utilizará para llevarlo a cabo. Memento, es una película engañosa, como sus protagonistas, como su reflexión final: “¿nos mentimos para ser felices?” El film comienza con el final de la verdadera historia, donde Leonard, un hombre que sufre de una enfermedad que le impide crear nuevos recuerdos, acaba con la vida de un hombre al que luego conocemos por Teddy, el supuesto violador y asesino de su esposa. La primera escena nos da la pista de que es una historia que está contada hacia atrás: la verdadera historia comienza al mismo tiempo que empieza la visión en blanco y negro y se engancha con la visión en color que empieza desde el final hacia el principio del film. Lo realmente llamativo de Memento, es que tras una historia a simple vista sencilla, se esconde un rompecabezas inteligente, creado por el propio protagonista y su amnesia que, como el espectador, no encuentra un orden exacto para estructurar y entender su evolución. Quizás este aspecto es el más llamativo del film, aparte de la curiosa manera del protagonista para generar recuerdos: se tatúa en el cuerpo pistas y hechos que le ayudarán a encontrar al asesino de su mujer, así como fotografías que modificarán sus pensamientos a la hora de actuar y recordar. Leonard se crea una vida repleta de mensajes ambiguos que lo pueden llevar hacia su propósito, hacia el de otros o hacia el que le gustaría; estableciendo así dos aspectos con la misma intención pero con fines diferentes: el protagonista se manipula para obtener un beneficio propio y otros personajes manipulan a Leonard para obtener sus beneficios propios. Tanto Teddy (para atrapar al camello), como (en parte) Natalie, incluso el empleado del motel donde se instala Leonard, en dos habitaciones. Sin embargo, es el personaje de Natalie, el que no entra del todo en este juego. Según el orden cronológico del film se nos presenta como la chica que ayuda a Leonard a encontrar a John G. y luego esa imagen queda borrada quedando como una manipuladora, cuando en realidad Natalie es una chica que lo utiliza para un asunto personal ( un hombre llamado Dodd está persiguiendo al responsable de la pérdida de su dinero, Jimmy Grants, el novio de Natalie; después de que Leonard se vista con la ropa de Jimmy y conduzca el coche que tiene el dinero, es Dodd quien lo encuentra a él) y tras conseguirlo, ayuda a Leonard.
Christopher Nolan utiliza, aparte de toda la creativa estructura del film, unos aspectos técnicos simples pero efectivos. Durante sus próximos trabajos, mantiene la misma forma de presentar a sus personajes, introduciendo imágenes en tono onírico, como si fueran pequeños flashes de sus vidas, la mayoría de las veces en off, produciendo mayor grado de realismo. Son imágenes que forman parte de un personaje pero que las sabe plasmar como si fueran reales. La mayoría son imágenes de la mujer de Leonard, sus momentos juntos, los pequeños detalles. Lo mismo hará con El Truco final, El prestigio (The Prestige 2007), donde ya expande sus medios y utiliza la técnica en varias escenas sin tener que ver el pasado. Una puesta en escena cuidada, superficial, acompañada con una eficaz música compuesta por su colaborador David Julyan, quien en mi opinión, es el responsable junto con Nolan de la creación de ese ambiente extraordinario que tanto caracteriza sus films. Memento reflexiona sobre los recuerdos, sobre cada individuo en general, incluso uno que no los da creado (como Leonard), habla sobre nuestros actos y decisiones. En su escena final, mientras Leonard conduce el coche, piensa sobre eso mismo, piensa “tengo que creer en un mundo fuera de mi cabeza, creer que mis actos aún tienen un significado, aunque no los recuerde”, su mujer aparece cuando cierra los ojos, creyendo que, no por olvidar lo que hace, el mundo se detiene. El mundo sigue ahí, y Leonard necesita recordar para encontrar una misión en la vida: necesita creer que tiene que encontrar al asesino de su mujer.